Nuevas estrategias ayudan a los inversionistas a responsabilizar a las empresas en materia de derechos humanos

Jose Moreno/Unsplash


Ante el aumento de las medidas normativas para restringir el financiamiento, las ONG batallan cada vez más para continuar sus esfuerzos mientras responsabilizan a las empresas por su comportamiento en materia de derechos humanos. Esta serie de OpenGlobalRights ha explorado la necesidad de nuevos modelos de negocios para los derechos humanos, destacando en particular los modelos de financiamiento y activismo de base colectiva y centrados en movimientos. Las organizaciones han ayudado a ciudadanos, clientes y empleados a movilizarse en torno a los derechos humanos, pero la participación de los accionistas en los movimientos de defensa y promoción de los derechos humanos ha sido limitada.

El 52 % de los adultos estadounidenses poseen empresas a través del mercado de valores. Este inmenso canal aún sin explotar ofrece a los individuos una vía de influencia considerable para impulsar mejoras en materia de derechos humanos en el sector empresarial, ya que las empresas están obligadas a escuchar a sus accionistas.

En 2016, mi fondo de inversión administrado por estudiantes compró acciones en ExxonMobil. Nuestra inversión de 2,000 USD era apenas suficiente para poder presentar una resolución de accionistas, en la que cuestionábamos el financiamiento que daba la empresa a organizaciones que niegan el cambio climático, a pesar de que Exxon acepta públicamente la ciencia climática. Me acompañó una coalición de sindicatos, ONG e inversionistas socialmente responsables creada para aprovechar la influencia de los accionistas con el fin de presionar a Exxon para que intensificara sus compromisos climáticos. La coalición estableció una relación interna que nos permitió participar en reuniones constantes cara a cara con los directivos de Exxon.

Aunque Exxon rechazó nuestra resolución en ese momento, en julio de 2018, la empresa dejó de financiar a ALEC, la principal organización que niega el cambio climático incluida en la resolución de accionistas. La experiencia me enseñó que, si bien las empresas tienen influencia sobre las políticas sociales y ambientales, los accionistas también tienen influencia sobre el comportamiento de las empresas. Además de Exxon, los inversionistas han presionado a varias empresas para que rompan sus vínculos con ALEC. Los inversionistas también han encabezado esfuerzos para lograr que las empresas protejan a los trabajadores LGBTQ de la discriminación, retiren las armas de fuego de los estantes de tiendas de abarrotes e instituyan políticas que limiten la explotación de los trabajadores migrantes. Tan solo en los últimos meses, una coalición de inversionistas convenció a Royal Dutch Shell y Glencore de que se comprometieran a una reducción integral de los gases de efecto invernadero.

A medida que el financiamiento se agota y los gobiernos aumentan su antagonismo con las ONG, las empresas están bien posicionadas para tomar las riendas en materia de derechos humanos. Como se menciona en The Business Case for Civil Society (El argumento comercial a favor de la sociedad civil), de Ed Rekosh, las empresas pueden reducir sus efectos negativos y apoyar iniciativas externas sobre derechos humanos. Nike es un ejemplo destacado del impacto que pueden tener las actividades de una empresa sobre el trabajo infantil y esclavo, y de su capacidad para combatir los abusos contra los derechos humanos en su cadena de suministro. Y en Carolina del Norte, la presión de la comunidad empresarial llevó al estado a revocar una ley discriminatoria sobre el uso de los baños.

Evidentemente, los accionistas aún no han salvado al mundo; un obstáculo importante es que el grueso de los inversionistas se ha mantenido al margen. Agregar las voces de los inversionistas individuales, que hasta ahora no se han incluido en lo absoluto en el proceso, puede aportar el alcance y la atención que se requieren para que las campañas de accionistas sean más frecuentes y exitosas.

Nuestra empresa, Stake, tiene como objetivo subsanar esta deficiencia a través de campañas de incidencia colectiva de accionistas, organizados en torno a peticiones. En Yourstake.org, los individuos se conectan con sus cuentas de inversión y usan sus acciones para pedirles a las empresas que mejoren su comportamiento de una manera específica, con lo que demuestran su poder financiero colectivo. Con unos pocos clics, los accionistas pueden apoyar Solicitudes (“Asks”) como esta para que Apple elimine el arbitraje obligatorio en las denuncias de acoso sexual.

Esta estrategia es particularmente adecuada para los inversionistas de fondos mutuos. Los fondos mutuos invierten en empresas en nombre de personas comunes y hablan regularmente con los directivos de las empresas sobre los problemas que estas enfrentan. Debido a su tamaño, tienen una influencia tremenda en las políticas empresariales. Sin embargo, las administradoras de fondos como Vanguard no escuchan las opiniones de sus inversionistas individuales en cuestiones ambientales o de derechos humanos, así que no tienen incentivos para tomar medidas al respecto. Yourstake.org hace posible que los accionistas individuales de los fondos de inversión respalden Solicitudes como esta, que pide a Vanguard que se asegure de que todas las empresas de su cartera tengan planes sobre el cambio climático que se ajusten a las metas reconocidas a nivel internacional.

Movilizar a accionistas verificados en torno a los derechos humanos hace que cada voz sea más fuerte, pero también supone ciertos desafíos para lograr el alcance deseado. Las personas deben vincularse con sus cuentas de inversión para firmar una petición, lo que hace que la incorporación de usuarios nuevos sea mucho más engorrosa que en plataformas similares que solo requieren una dirección de correo electrónico. Parte de nuestra solución ha sido asociarnos con asesores financieros, que pueden facilitar la vinculación de inversiones en nombre de sus clientes. Esta estrategia no basta para provocar un crecimiento viral, pero también crea la oportunidad comercial que ha hecho de Stake una empresa con viabilidad financiera.

El uso de Stake es gratuito para posibilitar la movilización masiva, así que obtenemos nuestros ingresos a partir de las instituciones financieras que buscan capitalizar el crecimiento de las inversiones de impacto. A medida que los inversionistas individuales se guían cada vez más por sus valores, buscan productos de inversión que sean compatibles con esos valores. Proporcionamos a las instituciones financieras información sobre las acciones que realizan sus clientes en Stake, lo que les ayuda a desarrollar relaciones más sólidas. Esta información sobre comportamiento también ayuda a las instituciones financieras a responder a los valores y preferencias reales de sus clientes, y, en el proceso, se dirige más dinero a inversiones socialmente eficaces.

La capacidad de crear y recopilar información sobre comportamiento con respecto a las preferencias sociales y ambientales de los inversionistas individuales es fundamental. En Stake, los usuarios aprenden sobre el impacto de sus inversiones, con lo que se forman nuevas preferencias sobre los productos de inversión. Después, pueden actuar para expresar esas preferencias recién desarrolladas en la misma página. Eso nos permite crear un impacto social a partir de los mismos conjuntos de acciones que generan valor comercial.

Por supuesto, queda la pregunta de si esta estrategia general tendrá efectos reales. Las empresas están legalmente vinculadas por los intereses de sus accionistas, pero los inversionistas institucionales más grandes pueden impedir que se escuchen las voces de las masas. No está claro si las inquietudes de los individuos, una vez organizadas, tendrán efectos tan potentes como las grandes instituciones. Es posible que Stake funcione mejor para los titulares de fondos mutuos que pueden aprovechar la influencia de sus administradoras de fondos; estas últimas deben estar motivadas por las preferencias que expresan claramente los clientes verificados, ya que demuestran que hay activos en riesgo.

Al mismo tiempo, la mayoría de las plataformas tecnológicas para la movilización masiva tienen problemas con la implementación, algo que pueden acometer mejor las organizaciones de la sociedad civil que trabajan sobre el terreno. Las peticiones y hashtags han causado revuelo, pero sin el respaldo de una organización, no se responsabiliza a las empresas de la implementación de soluciones a largo plazo.

A fin de abordar parcialmente estos desafíos de implementación, nos asociamos con Campeones —administradores de inversiones socialmente responsables que se especializan en la participación de los accionistas y que tienen un historial de mejorar el comportamiento social de las empresas— para llevar las Solicitudes directamente ante los directivos de las empresas. Entre los Campeones se encuentran los mismos inversionistas socialmente responsables que me llevaron a las reuniones con los directivos de Exxon. Cuando una Solicitud alcanza un umbral determinado de apoyo, la vinculamos con uno de los Campeones, quien negocia directamente con la empresa en nombre de todos los inversionistas firmantes y los mantiene informados sobre los avances. Ese proceso no sustituye el papel de las organizaciones de la sociedad civil para lograr la rendición de cuentas de las empresas, pero es un complemento importante.

En última instancia, la premisa central de la teoría del cambio de Stake es que los accionistas tienen el poder de influir sobre sus empresas, pero casi nadie usa ese poder. Las organizaciones sin fines de lucro que cuentan con fondos patrimoniales están aprovechando cada vez más su propio poder como accionistas y colaborando con los inversionistas institucionales para impulsar sus misiones. Tal vez las organizaciones de derechos humanos también deberían considerar la posibilidad de aprovechar la influencia que tienen sus partidarios individuales en calidad de accionistas.